La estrella de esta exposición fue el "Atomium" que le otorgó sentido a la misma y alrededor de la cual se desarrolló.
Al igual que pasó con la torre Eiffel, vencedora de un concurso convocado para la exposición de París de 1889, y de la que se preveía que sólo durara el tiempo dedicado a la exposición, el Atomium concebido como emblema de la Exposición Universal de Bruselas en 1958 tenía como destino la desaparición. Pero pasó el tiempo y se transformó en emblema de la ciudad y un símbolo de progreso y modernidad, y también de alusión al uso pacífico de la energía nuclear.
Fue creado por el arquitecto André Waterkeyn y trabajaron en él 15.000 personas, durante tres años hasta finalizar el monumento. Se encuentra a las afueras de la ciudad, en el barrio de Heizel, dentro del Bruparck, y junto al estadio de fútbol y al parque Mini-Europe, que alberga representaciones en miniatura, en proporción de 25/1, de los símbolos más característicos del continente.